Hace días que me reclamáis (los meditadores asiduos y sobre todo mi equipo de Redes Sociales) una comunicación, foto, vídeo, texto, algo. Si, lo sé. todos estamos muy pendientes de las redes sociales estos días. Los que me conocéis bien, sabéis que me cuesta hasta contestar los Whatsapps.

Resistencia. Y ahora más que nunca noto esa resistencia a la comunicación impersonal, sin mirada a los ojos, sin sentir la respiración del otro, esas pequeñas pausas para tragar saliva que tanto indican.
He optado por el texto, mi medio más afín.

Reflexión: Estos primeros días ha imperado la actividad virtual frenética. Si este confinamiento es lo suficientemente largo, y si vivimos conscientes, podremos experimentar todo un proceso muy similar a cualquier retiro espiritual o meditación.
Resistencia decía, es difícil frenar en seco. En esta primera etapa proliferan las clases online de cualquier tipo de deporte o entrenamiento, visitas virtuales a museos o bibliotecas, chats incesantes con amigos o conocidos o ni si quiera eso, películas, series o juegos.

Resistencia a parar. Si permitimos que acontezca, esta fase dará lugar a un periodo en el que aparecerán inevitablemente las emociones negativas: miedo, angustia, insatisfacción y frustración. Dificultades en la convivencia, conformación con la pareja o familiares cercanos; también soledad y sensación de aislamiento.

Permitamos que acontezca. Sin huir, sin distracción. Observemos lo negado, lo escondido bajo la actividad constante de nuestra sociedad y cultura, la Hiperactividad devoradora del tiempo que nos ha tocado vivir. Observemos y respiremos mirando cara a cara lo que realmente sentimos, nuestro empacho y vacío.


Pero esta fase como todo, también pasará. Aflorarán nuestros verdaderos sueños, nuestro propósito de vida. Que tan lejos o cerca estoy de mí yo más consciente, de la mejor versión de mí mismo. Y estas preguntas pasarán también y si persistimos en la atención plena observaremos que ya somos todo cuanto teníamos que llegar a ser y sentiremos poco a poco el gozo de ser con los otros, en los otros, en este maravilloso planeta, aquí y ahora.
Quien soy yo: yo soy.

Os mando un profundo abrazo. Un recuerdo para los ancianos, los bebés, las embarazadas y los enfermos. Meditación y plegaria constante para todos.

Fdo. Marta Puig

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